Sívori




Antonio Pujía. Homenaje a la eterna mujer

En la producción de Antonio Pujía se conjugan una sólida estructura compositiva y una honda expresión sensible, por lo cual sus obras presentan características expresionistas que profundizan el contenido humano junto a un orden interno constructivo. Las influencias de los escultores italianos contemporáneos como Arturo Martini, renovador de la escultura después de la influencia futurista, y de Manzú en lo que respecta al trabajo del modelado pueden observarse en sus obras. Su temática siempre giró en torno a la figura humana, en especial aquella que es sometida a las condiciones de exclusión y de intolerancia y también sus famosas de bailarinas. De esta manera las dos vertientes fundamentales de sus obras son la expresionista y la intimista y como él mismo declarara: “Modelo un patético Martín Fierro de boca clamante, un brazo sosteniendo una cabeza dolorosa, pero me equilibro también modelando casi al mismo tiempo, la grácil figura de una bailarina”.
De la figura humana surgen entonces las diferentes concepciones, tanto de la misma, como del tratamiento plástico y de los materiales. De allí se originan las series que el escultor ha realizado a través de su extensa y fecunda trayectoria artística y es en la figura de la mujer donde también pueden observarse estas diversas concepciones. A partir de 1960 sus obras se abren al espacio circundante y son penetradas por la influencia de la luz. Las primeras muestran una escultura de bulto, redondas y plenas en sus formas. A mediados de la década, alrededor de 1966 empieza a trabajar con elementos como las puertas y las ventanas, a moverlos, primero en forma descriptiva y luego ya con una carga emocional instando a participar al espectador, insinuando un juego entre pasado y pasado como el escultor lo definiera. Durante los setenta la cuestión de la alteridad se constituye en el núcleo temático de la obra de Pujía. El problema del otro se torna acuciante y emerge prácticamente invadiendo su producción y hacen su aparición las series No solamente en Biafra (1070-1972), Martín Fierro despojado (1973-1974) y No ofender-no destruir (1976-1982). Con la primera de esas serie aparece un recurso que será utilizado por Pujía durante toda la década, la figura de la sombra, logrando corporizar con este recurso algo incorpóreo. Con el transcurso del tiempo la misma irá adquiriendo una cualidad cada más dramática y trágica hasta encarnar lo amenazante, la ausencia, la desaparición, finalmente, la muerte. De finales de los setenta son unas piezas donde una materia rugosa es contenida en una síntesis formal exacta. En los años ochenta sigue elaborando este concepto de escultura, fundamentalmente lo que se refiere al sonido del metal y a la mutación de las diferentes piezas que corresponden a una misma obra buscando al mismo tiempo la movilidad de la forma como la dinámica del contenido emocional, siendo siempre la figura humana su suporte privilegiado, en definitiva la cualidad bifronte, símbolo de la dualidad del hombre. A mediados de los ochenta y durante los noventa nuevamente los movimientos de los bailarines captan su atención, en piezas de menor tamaño Pujía establece una fluctuación entre sólidos y espacios planos y éstos actúan a su vez como materialización de la forma. El contenido cambia y por ende la representación de la figura, ahora gozosa y de contorsiones manieristas.
En la actual muestra la celebración de la mujer culmina en la figura de las cariátides, aquellas columnas provenientes del mundo clásico que revisten la forma femenina. Figuras portantes, sostenedoras y que presentan también un aspecto ornamental. Los planos ceden ahora a la curva y a la concavidad, el típico perfil femenino. Nuevamente el volumen clásico hace su aparición. Así interpreta actualmente Pujía a la eterna mujer, la fuerza y la belleza unidas, la generadora no sólo de vida, sino de todas aquellas capacidades creativas, lúdicas y de bienestar que hacen posible la existencia humana.

Lic. Silvia Marrube. Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori”.

Antonio Pujia

Noviembre 2008