Sívori




Franco Lippi, Nuevas REvelaciones

Por Silvia Marrube. Lic. en Historia del Arte, UBA / Museo Eduardo Sívori, Área Investigación y Archivo de Arte Argentino y Latinoamericano.

La relación entre Franco Lippi y la pintura es de larga data. Comenzó en la adolescencia del artista y permaneció en él como una latencia. Afortunadamente, se  convirtió en una decisión vital que adoptó hace ya algunos años. Su formación plástica la fue realizando en diferentes talleres y siempre estuvo orientada hacia una manera esencial de concebir a la pintura y que ha sostenido a través de su recorrido artístico. Concurrió a los talleres de Susana Monje, Enrique Aguirrezabala, Raúl Ponce y Jesús Marcos y participó además, en el taller de análisis de obra dirigido por Luis Felipe Noé.
La pintura es originariamente para Franco Lippi, materia. Materia que se manifiesta  por medio de diferentes recursos: elementos, soportes, ritmos y colores. Todos ellos se conjuran para crear una obra viva, palpitante y en constante cambio. Si bien, ante una primera mirada, sus composiciones podrían relacionarse con el expresionismo abstracto, ellas van más allá de la adherencia o conformidad a un estilo pictórico. Y allí, reside el misterio originario de su producción artística.
La cuestión de los materiales es crucial en Lippi. De ella surgen también las diferentes etapas por las que se desarrolla su obra, debido a  su permanente necesidad de experimentación y cambio. La materia es colocada sobre el soporte por medio de un potente gesto  energético. De materiales no tradicionales como el aserrín y la cola, junto al acrílico y el ligante, surgen pequeñas o grandes composiciones. El tamaño no importa al momento de traspasar la fuerza creadora a la tela. En muchas ocasiones ellas adquieren  relieve, desestabilizando así la noción de bidimensionalidad. Lippi también hace un uso clásico del color. Sus pinturas van desde el juego contrastante y ambiguo entre blancos y negros, donde ya no se puede discernir entre figura y fondo. Ambos interactúan en una relación en permanente cambio. Su paleta se completa con rojos, amarillos y azules, todos ellos en plenos grados de saturación. Para obtener las diferentes gamas el artista recurre no sólo al tradicional acrílico, también el uso de pintura sintética y tintas, otorgan nuevas calidades a sus composiciones.
Aparentemente abstractas, sus obras nos abren en forma paradojal, a otra dimensión, la del paisaje. En un camino de dos sentidos, interno y externo, Lippi nos REvela otras realidades más profundas. REvelaciones, es también un homenaje a su padre. En su taller, Franco tuvo sus primeros contactos con el arte y con aquello que no puede ponerse en palabras, porque las trasciende. Su procedimiento pictórico puede ser interpretado en forma analógica al utilizado por su padre. Como en un acto de alquimia, de los materiales puros surge la obra completa. En sus pinturas, como en la existencia, el paisaje interior coincide con el paisaje exterior. Indiana Gnocchini relaciona las composiciones de Lippi con la filosofía budista, así: “para el budismo, las revelaciones, reafirman una serie de actos de autocomprensión del propio sujeto, experiencias de iluminación por las que a una persona se le desvela una realidad abarcante e incondicionada”.1


1. Indiana Gnocchini, REvelaciones, Tandil, Museo de Bellas Artes de Tandil, junio-julio 2011.