
El Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori es el museo de arte argentino de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene un patrimonio de cuatro mil piezas de arte argentino de los siglos XX y XXI que exhibe en exposiciones temporarias junto a la de artistas contemporáneos que no siempre integran su colección. Desde el Departamento de Extensión Cultural y Educativa del museo, entendemos su misión educadora desde la perspectiva del derecho a la cultura. Reunimos bajo el concepto de “Museo Abierto” las estrategias que intentan captar también a públicos habitualmente excluidos de la oferta cultural (chicos con discapacidad, en situación de vulnerabilidad o riesgo) a través de experiencias que promuevan vínculos significativos con el museo.
Nos sirven de horizonte ciertos enfoques o principios, acerca de la escuela, el niño, el docente, el arte, la “visita guiada” y el “guía” que nos orientan a la hora de diseñar las actividades y de evaluarlas. Valoramos especialmente la sociedad con la escuela por que es la que ejerce una acción continua y prolongada desde los primeros años, y es capaz de compensar además, las desventajas iniciales de quiénes carecen de estímulos familiares.
Si bien puede entenderse el museo como una colección de “obras maestras” que se inscriben en una tradición, la actividad educativa busca reflexionar críticamente sobre ésta. Tradición no significa mera conservación sino una transmisión que no deja intacto lo antiguo, que aprende a decirlo de nuevo.
Tratando de instalar esta idea de tradición renovada, de memoria viva, en los talleres para docentes, buscamos redefinir los conceptos convencionales de museo y de arte. Memoria no es lo mismo que historia y la imagen no está en la historia como un simple documento ni como un punto sobre una línea. Tiene una temporalidad de doble faz. La obra se actualiza en el encuentro personal de cada intérprete.
El calendario de exposiciones temporarias nos propone anualmente experiencias distintas para abordar tanto con los docentes como con los chicos. De esta forma, a través de charlas con los artistas, jornadas de reflexión, talleres de técnicas o seminarios fuimos estableciendo una relación de intercambios que enriquecieron las visiones sobre el museo y el arte.
Los chicos llegan al museo traídos por sus docentes que habitualmente han construido preconceptos acerca del museo y del arte que funcionan como barreras. Intervienen en este prejuicio sus experiencias individuales como visitantes o espectadores pasivos; la perspectiva habitual de la enseñanza de la “historia del arte” cargada de un vocabulario específico que refiere a estilos, movimientos, cronologías, etc. y la didáctica que todos experimentamos en la escuela, interesada por técnicas y elementos plásticos.
Nada de esas experiencias parecen resultarles significativas a los chicos ni a los jóvenes. Desde el museo vemos, en esos enfoques, desvanecerse la posibilidad de una experiencia estética, que opera en la frontera del saber conceptual y la experiencia sensible.
La obra es un documento, un enigma al que se le hacen preguntas o que nos hace preguntas. Proponemos entonces un diálogo a partir de la obra, que se inicia con preguntas abiertas y que genera una “conversación” dónde aparece algo nuevo, que no estaba dicho y que exige un esfuerzo interpretativo por parte del chico, quién se orienta a través de indicios que le resultan significativos. Así la obra se actualiza en las reconstrucciones o transformaciones que son capaces de formular.
El diálogo se refuerza, a veces, con actividades complementarias con material concreto:
espejos, caleidoscopios, ventanitas o marcos, telas, recortes, carteles con palabras, etc. que los ayuda a comparar, diferenciar, relacionar, asociar, evocar, recordar.
El docente del museo, entonces, no tiene un rol tradicional de guía que refiere un texto o guión; cuando se trata de chicos de muy corta edad (nos visitan a partir de los 4 años) se hace un recorte de la exposición (una selección de 5 o 6 obras) que facilite la reflexión en torno a algún concepto. La conversación los anima a expresarse, opinar con libertad, disentir o acordar, propiciando actitudes desprejuiciadas y reflexiones autónomas.
Ofrecemos además una breve selección de obras de la colección, exhibidas durante casi todo el ciclo escolar, colgadas a mediana altura en una sala especialmente destinada para ellas. Los “recortes didácticos” reúnen obras de distintas épocas en torno a ciertos ejes temáticos: “retrato-figura”, “paisaje”, “abstracciones”, “formal-informal” entre otros. Las claves que organizan la lectura nos liberan del “reconocimiento” y nos permiten empezar a dialogar acerca del “arte”. Ahondando en aquello que permanece y aquello que cambia a través del tiempo, se sostiene con los chicos, un diálogo que va problematizando las reflexiones y ampliando los conceptos.
Advertimos que habitualmente pesa sobre los docentes un comportamiento “esperable”, un correcto proceder en el museo, que trasladan a los chicos suponiendo que hacen preguntas fuera de lugar o que dicen cosas inapropiadas. Nos interesa hacer foco en las opiniones de los chicos, en sus modos de pensar, en sus preguntas y en su mirada ya que acordando con Jorge Larrosa, consideramos al niño dueño de una capacidad de explorar y mirar todavía no disciplinada y normalizada como la del adulto, que proyecta sobre lo que ve su opinión, saber, poder y arrogancia.
La posibilidad de disfrutar como espectadores de arte nace fomentando este tipo de encuentros, dónde la conceptualización, si bien es importante, deja lugar para la invención, la creación, lo fantástico, la exploración de lo imaginario, la conciliación continúa entre lo real y lo posible, la imagen y lo imaginario, el proyecto y la invención. La exploración abre las puertas al descubrimiento del arte y también de sí mismos.
